Seis tesoros de Ujué, un pueblo con mucho encanto en Navarra

Santuario de Ujué

El pequeño municipio de Ujué, 171 habitantes a enero de 2017, es un lugar ideal para recordar los tiempos de la infancia y revivir aquel juego de la búsqueda del tesoro. Y lo es porque Ujué, o Uxue como se llama en euskera, tiene una larga historia que ha dado lugar a un pueblo con un encanto especial, lleno de pequeños grandes tesoros. Estos seis que te cuento son los míos, seguro que si visitas Ujué podrás añadir alguno más.

1. El paisaje de Ujué

Conforme te aproximas a Ujué, tanto si vas desde Pamplona como de cualquier otra localidad de Navarra, el abrupto y agreste paisaje llama poderosamente la atención. Junto a lo accidentado del terreno, la alternancia de pinares, matorral mediterráneo, plantas aromáticas, viñedos, almendros, campos de cultivo en terrazas, etc., forma un paisaje singular. No dejes pasar la oportunidad de detenerte en uno de los miradores que hay junto a la carretera desde el que podrás ver las llanuras de la Ribera. Igualmente, cuando llegues a lo alto del pueblo, disfruta de la visión de los Pirineos, resulta espectacular si tienes la fortuna de que salga un día claro y los picos están nevados. También, la vista del caserío apiñado desde la lejanía, por la carretera NA-5311 que va hacia Murillo el Fruto, o desde las ruinas de la ermita de San Miguel a los pies del pueblo es totalmente recomendable.

 

2. La imagen de la Virgen de Ujué

Cuenta la leyenda que un pastor vio que una paloma se colaba con mucha frecuencia por el hueco de una roca que había en lo alto de una colina. Sorprendido, allí que fue el pastor, y lo que descubrió fue la imagen de Santa María, una talla que los cristianos dejaron oculta para protegerla de los musulmanes cuando estos ocuparon la península. Se dice que en ese lugar es donde se construyó el Santuario de la Virgen de Ujué. Una curiosidad más. La palabra vasca Usua significa paloma, de ahí parece que derivó el nombre de Ujué.

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Sea cierta o falsa esta leyenda, la imagen de la Virgen Santa María es una obra de arte. Es una de las imágenes románicas más antiguas de Navarra, fechada hacia 1190. Tallada en madera de aliso y forrada en plata, el rey de Navarra Carlos II la adornó con esmaltes y piedras semipreciosas. En 1952, con motivo de la coronación canónica, se restauró la talla y se incorporaron las coronas que lucen ahora la Virgen y el Niño, junto con el respaldo del trono.

La devoción que se tiene a la Virgen de Ujué desde antiguo hace que cada año cientos de romeros de los pueblos vecinos peregrinen a su santuario para honrarla. El ciclo de romerías comienza a partir del domingo siguiente al 25 de abril y se extiende durante varios domingos de abril y mayo.

 

3. El Corazón de Carlos II el Malo

Muy cerca de la Virgen de Ujué se encuentra el corazón del rey de Navarra Carlos II (Evreux 1332 – Pamplona 1387). Y no es una afirmación gratuita ni en sentido figurado. En una hornacina, junto al altar, reposa oculto a nuestra vista el corazón de este rey, muy devoto de la Virgen, al que los franceses le pusieron el apodo del el Malo. Nieto del rey de Francia, usó todas las artes posibles, buenas y malas, para reclamar su derecho al trono de Francia del que fue excluido por la ley Sálica que impidió que su madre llegara a ser reina.

Corazon-Carlos-II-Ujue

En sus últimas voluntades Carlos II estableció que su cuerpo se enterrara en la catedral de Pamplona, su corazón en Santa María de Ujué y sus entrañas en la Real Colegiata de Roncesvalles. Esta era una costumbre de los reyes franceses, la evisceración, una forma de mostrar su poder regio y de vincular muchos lugares significativos con la realeza.

 

4. Los detalles de una vida pasada

El Santuario de Santa María la Real de Ujué es un monumental edificio que más parece una fortaleza que una iglesia. Monumento Nacional, combina magistralmente el románico en los ábsides de la cabecera con la gran nave gótica. En las dos portadas del edificio y en el paseo de ronda hay numerosas esculturas que retratan lo que era importante para esa época. Además, de las imágenes que representan temas religiosos, hay varias representaciones de la vida popular: la vendimia, las peleas relacionadas con el vino, los malabaristas, etc. Sólo es cuestión de mirar con atención para descubrir algo curioso.

 

5. Las callejuelas de Ujué

El que avisa no es traidor. Las calles de Ujué están adoquinadas y tienen unas pendientes bastante pronunciadas, por lo que caminar por ellas puede tener su dificultad si sufres problemas de movilidad o no estás en forma. Hecho el aviso, he de decir que recorrerlas, cada uno a su ritmo, en un auténtico placer. La sorpresa está siempre a la vuelta de la esquina: casas de piedra sin grandes adornos pero con mucho encanto, calles con macetas y caléndulas que crecen asilvestradas en la ladera que dan colorido, plazuelas que aparecen tras un pasadizo, la torre del Santuario que asoma tras las casas, etc.

 

6. La gastronomía

Ujué ha sido un pueblo eminentemente agrícola y ganadero y eso se nota en su gastronomía. En un menú tradicional no pueden faltar las migas de pastor, un plato humilde que fue sustento de tantos pastores, y las costillas de cordero hechas en la brasa de sarmiento. Encontrarás varios mesones para saborear un buen menú tradicional. Y si quieres comprar un regalo típico y picotear algo nada mejor que las almendras garrapiñadas. Son almendras tostadas y bañadas en una fina película de azúcar caramelizada, totalmente adictivas cuando las empiezas a comer.

La tradición de venta de este producto la inició hace más de 100 años Estefanía Arangua, cuando al quedarse viuda decidió fabricar este dulce aprovechando las almendras que había en el pueblo y pensó que nada mejor que vendérsela a los numerosos romeros que visitaban el santuario. Al igual que pasa con los mesones, hay varios artesanos en el pueblo que venden sus almendras. La búsqueda de sus locales no te resultará difícil, están repartidos por las calles y los lugares más populares de Ujué.

Garrapiñadas-Ujue

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