Puentes medievales del Camino de Santiago en Navarra – I

Puente-Iroz

El Camino de Santiago, incluso en nuestra época, ha sido y es una carrera de obstáculos.

Ahora, los principales problemas de los peregrinos son las ampollas y una meteorología adversa: demasiado calor o demasiada lluvia.

Antes, casi todo era un obstáculo. Un río era una frontera infranqueable si el caudal era abundante. Por eso encontrar un puente era hallar un tesoro. Y el Señor que era propietario del puente lo sabía y cobraba el correspondiente peaje o pontazgo. Por suerte para los peregrinos del Camino de Santiago, si su finalidad era únicamente religiosa y no comercial, no tenían que pagar por cruzar el puente, aunque a veces el peajero se excedía en su celo y no hacía diferencias entre peregrinos y mercaderes.

Ahora no tenemos esa preocupación, tenemos otros tipos de impuestos. Por eso crucemos los puentes y detengámonos en ellos. Admiremos esas estructuras construidas por nuestros antepasados con más voluntad que medios, que han soportado tantas riadas y que poseen una historia tan larga.

Aguas arriba de Pamplona los peregrinos cruzan cuatro puentes medievales. Tres están en el valle de Esteribar y otro en Arre.

 

1. Puente de la rabia en Zubiri

Así llamado porque los lugareños tenían la costumbre de hacer pasar el ganado por dentro del río en torno al pilar central para sanarlos o evitar que fueran mordidos por animales rabiosos. La tradición decía que las reliquias de Santa Quiteria estaban enterradas en el estribo del puente (estribo: contrafuerte, apoyo extremo de los tramos o arcos principales) y esta santa mártir había recibido de la Virgen María el don de “que los molestados por la rabia y del furor que invocasen su patrocinio recuperarían su salud”.

Los primeras noticias del puente son de 1097, en que el rey Pedro I de Aragón y Navarra donó a la iglesia de Pamplona “una villa mía llamada Zubiría”, que quiere decir “junto al puente”. Es otro ejemplo de puente que da nombre a una localidad, como sucede con Puente la Reina.

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2. Puente de los bandidos en Larrasoaña

El nombre es muy descriptivo. Parece ser que era un lugar ideal para que los bandidos aprovecharan la ocasión de asaltar a los incautos peregrinos o comerciantes.

La primera noticia de Larrasoaña es de 1072, del Monasterio de Santa María y San Agustín, en el que vivió Doña Urraca, hija del rey Sancho el de Peñalén de Navarra. La villa, tal y donde hoy se ubica, se construyó más tarde con pobladores francos a los que Sancho VI el Sabio les concedió el Fuero en 1174. Viéndola hoy en día, una población de apenas 143 personas, resulta difícil de imaginar la importancia que tuvo en el pasado. Larrasoaña tuvo asiento en las Cortes de Navarra e incluso se celebró en esta población una reunión en 1329 para ultimar los detalles de la jura de Juana II y Felipe de Evreux como reyes de Navarra.

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3. Puente de Iturgaitz en Irotz

Data del siglo XII y se levantó junto a la ermita de la Virgen de Montserrat. La ermita no existe ya, se transformó en vivienda, pero el arco de la puerta y el aguabenditera se llevaron en los años 30 a Pamplona y lucieron en la ermita de la Virgen de la O. Lamentablemente tampoco se puede observar hoy en día, ya que el ayuntamiento de Pamplona remodeló la plaza y, entre otras cosas, derribó la modesta ermita para levantar una torre tal y como lo cuentan en este blog de memorias del viejo Pamplona.

El nombre de Iturgaiz lo toma de una fuente que surge en el margen izquierda del río, cuyo significado en euskera vendría a ser “fuente mala” o “fuente enorme”, pero que para las mujeres del pueblo no era nada mala ya que iban a lavar allí su colada en invierno al salir el agua más templada.

Puente-Iroz

 

4. Puente de la Trinidad de Arre.

Cambiamos de río, del Arga al Ulzama. En el límite entre Arre y Villava se encuentra este puente, que cuenta con una basílica dedicada a la Santísima Trinidad. El origen parece ser romano (en una viña contigua a la ermita fueron encontradas dos láminas de bronce con inscripciones latinas fechadas en los siglos I y II d.C), pero es en la edad media cuando cobró gran protagonismo con su hospital de peregrinos. Hoy, como en la época medieval, los peregrinos siguen encontrando refugio en el albergue de los Hermanos Maristas.

Trinidad-Arre

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