Olite, un clásico en cinco actos

Galeria del Palacio Real

Esta obra, en la que tú eres el actor o actriz principal, se desarrolla en Olite.

Acto 1

En vehículo a motor, las caballerías tiempo ha que pasaron de moda, te aproximas a esta pequeña ciudad de la zona media de Navarra. De lejos ves las torres de la fortaleza que se destacan sobre el caserío. Sientes la emoción de acercarte a una sede real, pero la sed te asalta cuando ves a un lado y otro de la carretera viñedos y bodegas. Así que optas por detenerte y degustar unos caldos: tintos, rosados, blancos… Todos son buenos.

Hay varias bodegas en Olite donde puedes comprar buen vino y concertar alguna visita guiada. Aquí te dejo el listado: Ochoa, Cosecheros Reunidos, Marco Real, Piedemonte, Pagos de Araiz, Señorío de Andión y Vega del Castillo. Como curiosidad, si te acercas a Cosecheros Reunidos, en el centro del pueblo, pregunta por su Ovum (barrica con forma de huevo).

Acto 2

Con buen ánimo entras en Olite y aparcas fuera del casco antiguo, casualmente junto al convento de San Francisco. Nada más bajarte del coche, tras un jardín al otro lado de la carretera, se encuentra el imponente castillo. Caminas admirando semejante construcción, tan robusta y tan bella. Primero, el palacio viejo, del S.XII y XIII, que ahora está ocupado por el Parador de Turismo, con sus paredes tapizadas por parra virgen. En una esquina, una extraña construcción, un huevo gigante de piedra, que en realidad es una nevera. Cubre un pozo de 8 metros donde acumulaban nieve prensada para convertirla en hielo y así poder conservar los alimentos. Alzas la vista y ves torres, muchas, la de las tres coronas y la del homenaje, la del aljibe, la de la atalaya y la de los cuatros vientos, con sus balcones de aire romántico. Y ya, el hueco de una puerta. ¡Ah del castillo!, te imaginas. Sales a la Rúa del Fondo. Las vistas al magnífico palacio te acompañan y tu opinión coincide con la de aquel viajero alemán que allá por el siglo XV escribió “Estoy seguro que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso… no se podría decir ni aun se podría siquiera imaginar cuán magnífico y suntuoso es dicho palacio” (Viajero anónimo aleman del siglo XV. Museo Britanico de Londres).

Penetrando en su interior, recorriendo estancias ahora vacías pero que en su época (S. XV) albergaron las lujosas cámaras del rey (Carlos III el Noble), de la reina (Leonor de Trastámara), sus galerías con jardines colgantes y sus patios, con una morera de más de 300 años, con una pajarera y hasta con un pequeño zoológico, no puedes más que preguntarte cómo sería la vida en dicha corte y en aquel tiempo.

El Palacio Real permanece abierto prácticamente todos los días del año. Hay visitas guiadas, por libre y con audioguía. Y en determinadas épocas del año visitas teatralizadas y visitas para familias. Más información y compra online en http://www.guiartenavarra.com/

Acto 3

Tras contemplar tanta opulencia, tu espíritu se llena de la suntuosidad de la corte y decides darte un homenaje. Todo cortesano aprecia el buen yantar y tú no eres un asceta. Y más si te cuento que “en la cocina de la monarquía se encuentra un notable predominio de la carne, tanto roja como blanca. Existía un aprecio especial por la carne de animales volátiles, tanto gallinas como otras piezas de caza menor. También gustan mucho los cuadrúpedos, como corderos y carneros. En cuanto a la caza mayor, es difícil cuantificar su consumo porque, al no ser comprada, no suele aparecer en la lista de la compra, pero son numerosas las veces que el rey sale a cazar y en la mesa se sirven jabalíes y ciervos”. (Fernando Serrano Larráyoz. La Mesa del Rey. Cocina y régimen alimentario en la Corte de Carlos III el Noble de Navarra (1411-1425)).

En cuanto a los mandatos de la iglesia del ayuno y la abstinencia, “la prohibición de comer carne todos los viernes del año se cumple a rajatabla e incluso por su propia voluntad hay miembros de la Casa Real que tampoco la comen los sábados. Aunque se cumplía la cuaresma, el rey, por el hecho de serlo, se permitía una serie de privilegios como comer carne mientras toda la Corte comía pescado. Se libraba de esta obligación con limosnas y otras actuaciones pías. Ésta era también una manera más de representar el poder regio”.

Así que hablamos de una cocina de gran influencia francesa, con elevado uso del azúcar, una muestra de la influencia musulmana, y unos productos como gallinas, corderos, jabalíes y ciervos, barbos, truchas, loinas, salmones y lampreas o anguilas, besugos, merluzas, congrios, y también, aunque en menor medida, rayas, esturiones o delfines. “En la Corte también gustaban mucho los moluscos, las ostras, la langosta y los camarones”. Y los dulces: almendras confitadas, anís confitado, peladillas, ostias doradas o el jengibre confitado. Por supuesto, sin olvidar de acompañar tanto manjar con unos buenos vinos navarros.

Sin duda estarás salivando ya. En la plaza de Carlos III el Noble hay varios locales donde tomar un pincho y un vino o comer un menú. También la plaza de Teobaldos es un lugar estupendo para descansar en una terraza. Y si lo que quieres es una buena comida, en Olite hay buenos restaurantes que encontrarás en sus rúas, como la Rúa Mayor, Rúa del Seco, Rúa de Medios o Rúa Mirapiés.

Parador de Olite
Parador de Olite

Acto 4

Tras reponer fuerzas es momento de que contemples la ciudad que, aunque pequeña, depara detalles sorprendentes propios de una vida cotidiana con fuerte influencia rural y de una vida pasada donde la presencia de la nobleza dejó su huella en casas palaciegas. Raro será que pasees por sus estrechas rúas y no te llamé la atención alguna mansión o palacio con un gran blasón en su fachada. Es monumental el Palacio del Marqués de Feria, en la rúa Mayor, actualmente convertido en casa de cultura. En esta calle encontrarás otros ejemplos, como la casa-palacio del Marqués de Rada. Pero hay otros edificios más discretos que camuflan la importancia que tuvieron antaño, como es el caso del palacio de Francés de Villaespesa, canciller de Carlos III. Se encuentra en la rúa del Pozo número 7.

Si caminas por el exterior del cerco que rodea la parte más antigua de la ciudad podrás observar alguna torre de las antiguas murallas romanas. Restos de la muralla sirven de base de la torre del chapitel.

Acto 5

Tras tanto poder y lujo y personas que dejaron de existir hace cientos de años es fácil que te surjan las preguntas que inevitablemente acompañan a la humanidad: ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos en este mundo?, ¿qué dejaremos a nuestro paso?, ¿a dónde iremos cuando muramos?

En otras épocas lo tenían claro. Construían iglesias que les acercaban a Dios y asistían a ellas con regularidad buscando sosiego, perdón, acompañamiento en los malos momentos… Meditabundo visitas las iglesias de Santa María y la de San Pedro y contemplas sus exuberantes portadas gótica y románica a través de las cuales adoctrinaban a los fieles. El interior, silencioso y repleto de arte de varias épocas (románico, gótico, renacimiento, barroco), invita al recogimiento y la reflexión.

Como la vida sigue, hay que disfrutarla cada momento. En Olite puedes asistir al festival de teatro clásico que se celebra las dos últimas semanas de julio y la primera de agosto, a las fiestas medievales en agosto, a la fiesta de la vendimia el primer fin de semana de septiembre y a sus fiestas patronales en honor a la Exaltación de la Santa Cruz, del 13 al 19 de septiembre.

 

Comentarios

Angel Ignacio
7 diciembre, 2016
Encantado de ver como hay un navarro que le encante navarra tanto como a mi .
Idoia Arteta
9 diciembre, 2016
Gracias Ángel Ignacio. Sólo una precisión, una navarra a la que le gusta Navarra.

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