Monasterio de Leyre, 5 personajes principales de sus más de 10 siglos de historia

Monasterio de Leyre y embalse de Yesa

En la ladera sur de Leyre, entre encinas y robles, se encuentra el Monasterio de San Salvador de Leyre. Como no podía ser de otra manera el lugar que eligieron los monjes benedictinos para establecer su comunidad es de gran belleza natural y, por suerte para nosotros, conserva la quietud de tiempos pasados.

Sus más de diez siglos de existencia darían para escribir una enciclopedia, pero aquí me limitaré a recordar 5 personajes que, por orden cronológico, han dejado huella entre sus recios muros.

 

1.Abad San Virila

Realidad, un documento del año 928 acredita que existió en el monasterio un abad con tal nombre, y leyenda.

El abad Virila estaba muy preocupado porque no entendía el misterio de la eternidad y rogaba a Dios que le ayudara a comprenderlo. Una tarde de primavera en que paseaba meditando entre los bosques de la sierra, fatigado, se sentó junto a una fuente y allí permaneció un tiempo absorto escuchando como cantaba un ruiseñor. Al tiempo volvió al monasterio, pero no reconoció a ninguno de los monjes con que se cruzaba, ni estos a él. Turbado, contó su historia al Prior, y ambos se dirigieron a la biblioteca para tratar de descifrar el enigma. Y así sucedió. Encontraron en documentos antiguos que hacía 300 años un monje santo llamado Virila había gobernado el monasterio y había desaparecido sin dejar rastro. San Virila en ese momento comprendió que Dios le acababa de revelar el misterio, si habían pasado 300 años sin él darse cuenta escuchando el canto de un pajarillo, ¿cómo pasaría el tiempo cuando se está en la compañía del Altísimo?

 

2. Santas mártires Nunilo y Alodia

Nacieron en Adahuesca, cerca de Alquézar (Huesca), alrededor del 830. Su madre era cristiana, pero su padre se había convertido al islam. El padre murió cuando las niñas eran pequeñas, por eso la madre las educó en la fe católica. Una temeridad en aquella época, ya que la ley exigía que los hijos de matrimonios mixtos profesaran el islam. Y precisamente Abd-al-Rahman II, en el 851, endurece la ley decretando que todo cristiano hijo de musulmán debía convertirse al Islam bajo pena de muerte.

Por desgracia para Nunilo y Alodia, su madre murió siendo ellas niñas y quedaron bajo la custodia de su tío, que era musulmán. Este las denunció por ser cristinas y quizás también por la esperanza de heredar las posesiones de las niñas. El proceso que siguió es largo de relatar, en el documento se amplía esta información, pero concluyó con la decapitación de Nunilo y Alodia por negarse a abrazar el Islam.

La devoción a las santas se extendió rápidamente. La tradición dice que la reina Oneca, esposa del rey de Pamplona Iñigo Arista, gran devota de las Santas, se apresuró a conseguir sus reliquias y a donarlas al Monasterio de Leyre. De este modo conseguía dar más prestigio al monasterio y ayudar a su economía, pues el culto a las reliquias generaba peregrinaciones, donaciones y limosnas.

Por muchos años las reliquias se conservaron en el monasterio, en una arqueta hispano-musulmana de marfil tallado de gran valor artístico. Actualmente las reliquias se encuentran repartidas entre Leyre y Adahuesca y la arqueta en el museo de Navarra, en Pamplona.

Retablo de las Santas Nunilo y Alodia
Retablo de las Santas Nunilo y Alodia

 

3. Reyes de Pamplona

En el monasterio se encuentra el Panteón Real de los reyes de Pamplona. En él se hallan los restos de 10 reyes, 7 reinas y dos príncipes.

En los primeros años del reino de Pamplona hubo una estrecha relación entre el monasterio y las dinastías Iñiga y Jimena, oriunda de la cuenca de Aoiz-Lumbier, donde se encuentra Leyre. En una época en la que los musulmanes hostigaban regularmente a los reinos cristianos, Leyre constituía para el reino de Pamplona un refugio, por ser un lugar bastante inexpugnable. Durante muchos años el abad de Leyre fue asimismo obispo de Pamplona y los reyes de Pamplona donaron tierras y otros monasterios a Leyre.

Como curiosidad se puede mencionar al rey Fortún Garcés, último rey de la dinastía Iñiga, que en su vejez se hizo monje en Leyre.

4. El maestro Esteban

Escultor y maestro de obras que trabajó en la catedral de Santiago de Compostela, en la catedral románica de Pamplona y también en la Porta Speciosa (puerta preciosa) del Monasterio de Leyre, construida en el siglo XII en la primera ampliación de la iglesia original. Hay un capitel, dos aves picándose las patas, que lleva la impronta de su taller y que se repite tanto en la Porta Speciosa de Leyre como en la catedral románica de Pamplona (se conserva el capitel en el Museo de Navarra).

Pero no sería justo que todo el mérito de un edificio tan monumental recayera en un solo nombre. No se conocen quienes fueron los constructores del monasterio antiguo y de su singular cripta, pero si se tienen noticias de quienes fueron los constructores del monasterio nuevo y de las vicisitudes durante su construcción: Juan de Ancheta, Juan Luis Monsantes y Rubiano, Domingo Artal, Juan de Echenagusia, Juan de Gorría, Tomás de Gaztelu. Este documento escrito por Julio Ruiz de Oyaga hace un repaso a los constructores de Leyre en el periodo comprendido entre 1567 -1648

5. Mendizabal

En el siglo XIX se produjeron tres desamortizaciones que casi acaban con el monasterio y su legado. En las dos primeras, la de José Bonaparte en 1809 y la del trienio liberal en 1820, la comunidad monástica tuvo que abandonar el monasterio, pero pudo volver al tiempo. En la última, la de Mendizabal (1836), la comunidad quedó definitivamente disuelta.

Ya en la segunda de las desamortizaciones se inventariaron los bienes muebles e inmuebles del monasterio, que quedaron aplicados al crédito público. “Los bienes del monasterio siguieron diversos caminos: algunos quedaron en el inmueble; los libros y documentos fueron al departamento de Hacienda de Pamplona (los libros nunca se volvieron a recuperar); los objetos de culto unos quedaron en Sangüesa, otros fueron a parar a Burgui, Arteta, Adahuesca, Tiermas, Liédena. Las tierras y bienes raíces o fueron puestos en venta o bien arrendados por el Crédito Público.” (Moral, Tomás (1970), El monasterio de Leyre en el último período de vida cisterciense (1800-1836), p14)

En la tercera y definitiva desamortización se cerraron todos los monasterios de España y se pusieron a la venta sus bienes raíces. En el caso de Leyre, las tierras se vendieron pero los edificios quedaron sin comprador, que no sin uso. La gente de las proximidades se apropió de lo que había quedado en los edificios, llegando a usarse hojas de los libros para envolver los productos que se vendían en el mercado de Sangüesa. Y los edificios quedaron para guardar el ganado. No es de extrañar que con el paso de los años acabaran en estado ruinoso, el monasterio viejo hundido y el nuevo en muy mal estado. Sólo resistía la iglesia medieval.

Paradojas de la vida, lo que los musulmanes no pudieron lograr, la destrucción de un símbolo de la fe y de la historia navarra, casi lo consiguen los liberales.

Por fortuna para todos, en 1867, la Comisión de Monumentos logró que el edificio fuera declarado Monumento Nacional y en 1945 la Diputación Foral aprobó el proyecto de restauración del monasterio.

Monasterio de Leyre
Monasterio de Leyre