Ciudad Romana de Andelos en Mendigorría I

Mendigorría, Navarra

Una visita que da pie a conocer uno de los yacimientos arqueológicos romanos de Navarra más importantes del norte de España y a sorprenderse con los usos de sus antiguos habitantes, algunos no tan distintos a las nuestros. Como el tema da para largo se plantea en dos entradas. Una primera para sobre la ciudad romana, su urbanismo y el sistema hidráulico, y la segunda para comentar curiosidades sobre la vida en aquella época, llegando incluso a la escatológica.

 

En los últimos años es habitual que todo municipio en España con un pasado histórico destacado celebre un festival romano o medieval. Tal es el caso de Mendigorría y su festival romano de Andelos, la ciudad de Antonio. Una buena forma de atraer el turismo y revitalizar el pueblo, en especial, cuando son los propios vecinos de Mendigorría los que se encargan de dar vida a los antiguos habitantes de la ciudad romana: los patricios y los plebeyos, los soldados del ejército, los niños de la escuela… Y tras ese “arduo trabajo”, una buena comida de confraternización, así me informó uno de los participantes.

Así pues, el pasado día 25 de junio se celebró el XV Festival Romano de Andelos (ciudad de Antonio), habiendo entre otras actividades visitas guiadas gratuitas acompañadas por la recreación de la vida en la ciudad romana. Y allí estuvo Viajero Ilustrado, para contar en este blog lo más destacado y lo más anecdótico sobre la antigua ciudad romana. Este año el festival duró sólo un día y no dos, que es lo habitual, debido a las elecciones generales.

La ciudad romana de Andelos pertenece a Mendigorría, pero dista 4,5km de dicha localidad. Por eso, una de las primeras cosas que llama la atención es el trecho que hay desde que se cruza el puente sobre el Arga hasta que se llega a las ruinas romanas. Una carretera estrecha te conduce a través de campos de cultivo, retrocediendo en el tiempo conforme avanzas por un paisaje atemporal: el río, las vides, los cereales. Nada muy distinto a lo que verían los habitantes de la antigua ciudad romana.

Cuando llegas al emplazamiento lo primero que ves es la finca de la ermita de Andión, rodeada por olivos, y el museo arqueológico construido en 2003. En el museo, junto a los clásicos paneles informativos, se exponen los restos hallados en las excavaciones de la ciudad y una gran maqueta que reproduce la ciudad y su entorno. Esa maqueta permite hacerse una idea de la genialidad de los romanos en la resolución de problemas prácticos, ya que tres hay tres señalizaciones luminosas que marcan el contorno de la ciudad romana, el poblado medieval y el espectacular sistema hidráulico que abastecía de agua a la ciudad.

Volviendo a sus orígenes, la ciudad de Andelos se fundó sobre un poblado de vascones que fueron rápidamente romanizados. Se estima que en el momento de mayor esplendor, siglos I y II d.C., pudo llegar a albergar a 2.500 habitantes y ocupar una extensión de 18 hectáreas. Esta población se redujo considerablemente en la edad media, unas 64 familias en 1330 y sólo 2 hectáreas ocupadas, quedando la ciudad despoblada tras la epidemia de peste de 1348.

El abastecimiento de agua en una ciudad tan populosa, situada en una terraza elevada a una cierta distancia del río, era un problema que había que resolver. El sistema que idearon consistió en aprovechar el agua de lluvia por medio de una presa de 150 metros de largo, situada a unos 3 km de la ciudad, que retenía el agua procedente de los riachuelos y barrancos cercanos. El agua de la presa se conducía por medio de un acueducto a un depósito regulador que se halla a unos 300 metros de la ciudad. Este depósito tenía una capacidad de 7.000 metros cúbicos y hacía la función de embalse y depuradora. Por último, el castellum aquae, depósito de agua dentro de la ciudad, distribuía el agua a las fuentes públicas, las termas y a las casas de las familias pudientes. Nada que envidiar de los sistemas que actualmente se construyen. Actualmente apenas queda algún resto del acueducto, pero si se puede ver la presa, la base sobre la que iría el castellum aquae y el enorme depósito regulador en las afueras de la ciudad.

 

¿Cómo fueron capaces de construir obras de semejante envergadura y mover piedras de tales dimensiones y peso? Por que disponían de grúas de rueda de tracción humana con un sistema de poleas que permitía a una persona ser capaz de elevar hasta 3.000kg. Como auténticos hámster, los esclavos de turno caminaban por el interior de la rueda, siendo su peso, el diámetro de la rueda y el conjunto de poleas los que obraban el milagro de elevar las pesadas piedras. Este vídeo es un ejemplo real de cómo funcionaba la grúa de rueda.

Entrando ya en la ciudad, la primera lección de la visita guiada fue sobre el urbanismo romano e Hipódamo de Mileto, un arquitecto griego considerado como padre del planeamiento urbanístico por desarrollar las ciudades en retícula. El trazado de la ciudad romana se organizaba en torno a dos calles perpendiculares, el cardo (calle orientada de norte a sur) y el decumanus (calle de este a oeste). Las dos calles principales, cardo máximus y decumanus máximus, se cruzaban en el centro de la ciudad, dando lugar a la plaza en la que se ubicaba el foro. Las manzanas resultantes de los cruces de calles se llamaban ínsulas. Las casas tenían 2 o más alturas, dedicándose la planta baja a los negocios y las plantas superiores a viviendas. Habitualmente las ciudades romanas estaban amuralladas y contaban con cuatro puertas, una en cada uno de los extremos del cardo y del decumanus. Las calles contaban con aceras, calzadas y también pasos de peatones, que eran unas pasarelas formadas por grandes sillares gracias a las cuales los peatones podían esquivar los charcos en época de lluvias.

Aunque me adelante al orden seguido en la visita, la ciudad de Andelos cuenta con tres zonas excavadas. Las ruinas romanas del barrio noble de la ciudad, los restos correspondientes al barrio de los artesanos y la zona de la ciudad medieval. En el barrio pudiente es donde se encuentran las termas, la casa del peristilo (una residencia de unos 600m2 que contaba con un patio porticado) y la vivienda en la que se halló el mosaico el Triunfo de Baco, expuesto en el Museo de Navarra. En estas grandes residencias es donde se celebrarían los banquetes que estamos acostumbrados a ver en las películas, con los invitados tumbados sobre los klinai (divanes) en el salón de banquetes (triclinium), sirviendo los esclavos vino mezclado con agua y comida trinchada, para que sus amos no necesitaran cubierto.

 

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