8 historias de San Millán de la Cogolla y sus monasterios

Monasterio de Yuso en San Millan de la Cogolla

1. San Millán de la Cogolla

Es un municipio de La Rioja (España) de poco más de 200 habitantes situado en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, junto al río Cárdenas, a 728m de altitud. El nombre del pueblo procede del santo Millán, un ermitaño que vivió entre los siglos V y VI en una cueva en la montaña y que dio lugar a la creación de una comunidad religiosa. Pero si por algo San Millán de la Cogolla ocupa un lugar destacado en el mapa es por los dos monasterios que allí se ubican, el de Suso y el de Yuso, que fueron declarados en 1997 Patrimonio de la Humanidad por el valor histórico, artístico, lingüístico y religioso que atesoran, como podrás ir descubriendo en las siguientes historias.

San Millan - monasterio de Yuso
Cuadro en el claustro superior del Monasterio de Yuso de la vida y milagros de San Millán

 

2. Monasterio de Suso

Quien sepa algo del latín sabrá que el nombre de este monasterio es muy descriptivo. Suso proviene del latín sursum, que significa “de arriba”. Y allí arriba, en la montaña, es donde San Millán, un humilde pastor, se retiró como anacoreta para vivir en una cueva. Con el tiempo fue cobrando fama de santidad por su forma de vida, se le empiezan a atribuir milagros y comienzan a visitarle peregrinos. También acuden otros eremitas a esos montes para vivir junto a él y es así como se forma una pequeña comunidad que da lugar al Monasterio de Suso.

El Monasterio de Suso permanece habitado desde el siglo V hasta el siglo XII, por lo que en su interior se puede contemplar varios estilos arquitectónicos: visigodo, mozárabe y románico. Cada zona se puede reconocer por sus diferentes arcos. Los arcos visigodos y mozárabes son de herradura, siendo el visigodo algo más abierto que el musulmán, mientras que el románico es el arco de medio punto.

Es también un lugar llamativo por sus tumbas. El cenotafio (monumento funerario sin cadáver) de San Millán, las tumbas de tres reinas navarras (Toda, Ximena y Elvira) y el panteón de los Infantes de Lara, que aúna historia, leyenda y romance…

¡Ay Dios, qué buen caballero
fue allí Rodrigo de Lara,
que mató cinco mil moros
con trescientos que llevaba!
Si aquéste muriera entonces,
¡qué gran fama que dejara!
No matara a sus sobrinos,
los siete infantes de Lara,
ni vendiera sus cabezas
al moro que las llevaba.

Puedes leer en este enlace el romance al completo de los Infantes de Lara.

 

3. Monasterio de Yuso

Como en el caso de suso, yuso también tiene un origen latino. Procede de la palabra latina deorsum, que significa “de abajo”. La leyenda cuenta cómo surgió este monasterio. El Rey de Pamplona García Sánchez III, apodado el de Nájera, mandó trasladar en 1053 los restos de San Millán del Monasterio de Suso al Monasterio de Nájera. Los portadores, al llegar al valle, quedaron como clavados al suelo, no podían continuar con el traslado. Ese hecho tan extraño tenía una fácil explicación: era voluntad del santo no abandonar su valle. Es por esa razón que el Rey García el de Nájera ordena levantar el monasterio de Yuso y que los restos de San Millán reposen allí.

Los hechos más realistas cuentan que el monasterio de Yuso se edificó entre los siglos X y XI, coexistiendo con el de Suso. Posteriormente este primer monasterio fue demolido y reconstruido entre los siglos XVI y XVIII, por lo que conjuga los estilos renacentista y barroco. Debido a su monumentalidad y clasicismo a este monasterio también se le apoda como el Escorial de La Rioja.

El complejo del monasterio comprende una iglesia catedralicia, dos claustros, una sacristía y el museo, accesibles en la visita guiada, y otras dependencias que no se pueden visitar como son la biblioteca, las estancias de los religiosos y el Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española.

 

4. Las glosas emilianenses

Como centro del saber que el monasterio de Suso fue desde la antigüedad, fueron numerosos los libros que se copiaron en su scriptorium. Entre tantos códices destaca el Códice Emilianenses 60, en particular por las más de mil anotaciones que aparecen en el margen o entre líneas y que traducen parte del texto en latín a la lengua vulgar de aquella época. Son las llamadas Glosas Emilianenses (del latín Aemilianus, que derivó en Millán o Emiliano) y su gran valor reside en que son las primeras frases que aparecen por escrito en romance hispánico (un español arcaico) y en euskera (sólo dos de las anotaciones). Es por eso que se conoce a San Millán de la Cogolla como la cuna del español.

Se estima que el códice se creó en torno al siglo IX y que las glosas se escribieron entre los siglos X y XI. A pesar de ser un códice de aspecto tosco y desmañado (los artesanos no aplicaron unas técnicas refinadas durante su proceso de producción), ha sido uno de los que más interés ha levantado entre los estudiosos. Actualmente esta obra se conserva en la Real Academia de la Historia desde 1951 “en virtud de la aplicación de la legislación relativa a la desamortización de los bienes eclesiásticos”. El catálogo de la exposición Tesoros de la Real Academia de la Historia presenta con más detalle este códice y quien tenga interés en verlo cómodamente desde su casa puede hacerlo gracias a la biblioteca digital de la RAH- códice 60

Monasterio de Yuso Códice 60
Replica en el monasterio de Yuso del Códice 60 que contiene las glosas emilianenses

 

5. La ciencia de los monjes

Los constructores, artesanos y religiosos que levantaron estos monasterios bien merecen un reconocimiento por su saber hacer. Baste unos detalles para aclarar cómo con pocos recursos se pueden conseguir soluciones muy satisfactorias y de larga durabilidad.

El alabastro se ha usado desde la antigüedad en vasijas, esculturas, sepulcros, ventanas para las iglesias, etc. En el monasterio de Yuso le dieron un uso diferente. Lo emplearon como baldosas para el suelo de la biblioteca. Su capacidad para absorber la humedad ha hecho que los frescos de esta sala se conserven igual de bellos y coloridos hoy que cuando se pintaron por primera y única vez allá en el siglo XVIII.

Otro lugar sorprendente es la sala de los cantorales, esos enormes libros que recopilan los cánticos que se cantaban en las iglesias y catedrales durante la edad media y que pueden llegar a pesar hasta 60 kilos. El material con el que están hechos es el pergamino y la procedencia de los pigmentos utilizados es de lo más variada: minerales, plantas, vino, cenizas… Por eso estos libros tan delicados y valiosos necesitaban unos cuidados especiales para su conservación. Y lo que idearon fue una estantería cerrada con un sistema de ventilación propio, formado por una gatera (sí, un agujero en la pared para que pase el aire y además el gato pueda entrar a cazar roedores), una base de piedras porosas para recoger la humedad del aire y varias salidas superiores para provocar corriente y que el aire circule. Otro aspecto importante fue la ubicación elegida para la estantería; está en la zona norte del monasterio, la más fría y estable en temperatura, lugar ideal ya que el frío paraliza la acción de los hongos, uno de los grandes enemigos de los libros.

 

6. El retablo con puerta

La iglesia la Asunción de Nuestra Señora del monasterio de Yuso es un edificio de tres naves y bóvedas estrelladas edificado en la primera mitad del siglo XVI. Al ser un edificio construido para los monjes la parte delantera desde el coro hasta el altar mayor era de su uso exclusivo, mientras que las gentes del pueblo podían escuchar misa en la parte trasera, que va del trascoro hasta la puerta. Por esa necesidad de separar a los monjes de la gente del pueblo, pero también de permitir la visión del altar mayor en ocasiones especiales se adoptó una solución que se conoce como trascoro monástico, un trascoro que hace la función de altar y puerta. En este caso es un retablo de estilo rococó ricamente ornamentado con dos hermosas puertas realizado por Francisco de Bisou en 1767.

Iglesia-Monasterio-de-Yuso2

7. Avaricia + estupidez = daños irreparables

Por desgracia, San Millán de la Cogolla no se libró del paso de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. Y como suele suceder las guerras desatan los peores instintos, en este caso la avaricia. Si a eso sumamos que las tropas no destacaban por su educación y formación académica el resultado fue catastrófico.

En agosto de 1809 José Bonaparte dictó un decreto disponiendo que todas las órdenes regulares, monacales, mendicantes y clericales existentes en los dominios de España quedaran suprimidas y sus bienes pasaran a ser de la hacienda real. Eso supuso que los monjes benedictinos abandonaran el monasterio y propició que las tropas francesas saquearan los monasterios de Yuso y Suso. Entre otras cosas se llevaron las piedras preciosas y el recubrimiento de oro de las arquetas de San Millán y San Felices y también arrasaron la sacristía, aunque no pudieron llevarse las mesas por su gran peso. Una de las cosas más tristes, por lo que denota la estupidez humana, es algo que cuenta la guía del monasterio, los soldados pensaron que hermosas piezas de nogal cubiertas por pan de oro eran de oro macizo y para no trasladar tantos cientos de kilos de peso se propusieron fundirlas. La fogata resultaría impresionante.

 

8. Los marfiles de San Millán

Cuando las reliquias de San Millán se trasladaron del monasterio de Suso al de Yuso, el rey de Navarra Sancho Garcés IV, el de Peñalén, encargó en 1067 fabricar un arca donde guardar las reliquias del santo. Era una arqueta de madera chapada en oro, con piedras preciosas, cristales de roca y 39 placas de marfil que narraban escenas de la vida y milagros de San Millán. Una verdadera obra maestra del arte mueble español medieval que despertó la codicia de mucha gente, en especial en los siglos XIX y XX.

Con la llegada del siglo XIX, llegó el infortunio para esta obra de arte. Cuando los monjes se enteraron del decreto dictado por José Bonaparte, se dieron prisa en esconder lo que para ellos era lo más importante, las reliquias, pero no así el arca a la que no daban tanto valor. Cuando las tropas francesas robaron las piedras preciosas y las chapas de oro de la arqueta, varios marfiles resultaron destruidos. Otros marfiles habrían sido robados en aquellos periodos en que el monasterio estuvo abandonado por las sucesivas desamortizaciones del siglo XIX. La cuestión es que a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX mucha gente toma conciencia del valor de la arqueta. Estudiosos que querían fotografiar y analizar los marfiles, coleccionistas que ambicionan poseer una obra tan única, algunos funcionarios e intelectuales que trataban de proteger el patrimonio cultural de los monasterios… Incluso los monjes tomaron conciencia de su valor a raíz de un intento de robo en 1908, por lo que retiraron la arqueta del altar y dificultaron el acceso a cualquier persona a ella, sin importar que se tratara de un profesor de la talla de Kingsley Porter, profesor de Bellas Artes de la Universidad de Harvard, o de Elías Tormo, Catedrático de Historia del Arte, Académico de la Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando y miembro de la Cámara Alta del Senado.

Otro episodio importante en la conservación de los marfiles es la decisión que la II República tomó de incautar los marfiles y trasladarlos al Museo Arqueológico Nacional. Allí los conservadores del museo se encargaron de estudiarlos, realizando un extenso informe histórico-artístico de los marfiles. Los marfiles regresan al Monasterio de Yuso definitivamente en 1944, ya que los Agustinos Recoletos, que eran los religiosos que gestionaban entonces el monasterio, recuperaron su influencia en las altas instituciones del Estado.

Lamentablemente, durante este periodo tan conflictivo se perdieron varios marfiles, apareciendo alguno de ellos con el paso de los años en museos de Nueva York, Boston, San Petersburgo, Berlín y Florencia.

Si quieres profundizar más en lo sucedido a lo largo de los siglos XIX y XX te recomiendo consultes el capítulo 3 de la siguiente tesis doctoral Educación patrimonial y patrimonio mundial: El caso de los monasterios de San Millán de Suso y de Yuso.

Y si deseas leer un análisis pormenorizado de los marfiles de la arqueta puedes leer los capítulos XVII, XVIII y XIX de la tesis doctoral El trabajo del marfil en la España del Siglo XI.

Arqueta-San-Millan-Monasterio-de-Yuso

 

 

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