3 rutas paisajísticas imprescindibles en Navarra con miradores a pie de carretera

Paso de Tapla - Sierra de Abodi

Recorrer carreteras apartadas, sin prisas, donde cada metro que recorres es un regalo para la vista es un placer que se incrementa cuando encuentras un aparcamiento junto al asfalto desde el que contemplar una panorámica impresionante. Por suerte, en Navarra hay muchas carreteras con poco tráfico y hermosos paisajes que cumplen estos requisitos. Aquí te cuento tres rutas imprescindibles que alguna vez tienes que recorrer. Todas tienen premio a su llegada y durante el camino.

 

1. Alto de Ibañeta

Punto kilométrico 48,5 de la carretera NA-135.

Punto de paso histórico de los Pirineos en Navarra y lugar en el que se instaló un hospital para atender a los peregrinos del Camino de Santiago siendo rey Alfonso el Batallador. A los pocos años de su fundación, el hospital se trasladó a Roncesvalles, pues los 1057 metros de altura y su exposición a los vientos no hacía de este emplazamiento el lugar más indicado para cuidar de los peregrinos exhaustos y enfermos.

Actualmente en este collado, junto a la zona de aparcamiento, se encuentra la ermita de San Salvador de Ibañeta y un poco más elevado el monolito en recuerdo de Roldán. Tanto la ermita, construida nueva en 1965 por el estado ruinoso de conservación de la ermita medieval, como el monolito, realizado por Cándido Ayestarán en 1967, formaron parte de un proyecto de desarrollo turístico de los Pirineos y de la candidatura del Ayuntamiento de Valcarlos al Premio de embellecimiento de los pueblos de España convocado por el Ministerio de Información y Turismo en 1965.

Ya seas peregrino o un turista más que te acercas en coche a este lugar, cuando estés junto al monolito y dirijas tu vista a un lado y al otro de los Pirineos, rememora los últimos momentos de Roldán (recordemos, el paladín más querido de Carlomagno que murió en la batalla de Roncesvalles el 15 de agosto de 778) tal y como nos la relata el Cantar de Roldán (la Chanson de Roland):

SIENTE Rolando que la muerte arrebata todo su cuerpo: de su cabeza desciende hasta el corazón. Corre apresurado a guarecerse bajo un pino, y se tiende de bruces sobre la verde hierba. Debajo de él pone su espada y su olifante. Vuelve la faz hacia las huestes infieles, pues quiere que Carlos y los suyos digan que ha muerto vencedor, el gentil conde. Débil e insistentemente, golpea su pecho, diciendo su acto de contrición. Por sus pecados, tiende hacia Dios su guante.

ROLANDO siente que ha llegado su última hora. Está recostado sobre un abrupto altozano, con el rostro vuelto hacia España. Con una de sus manos se golpea el pecho:

 — ¡Dios, por tu gracia, mea culpa por todos los pecados, grandes y leves, que cometí desde el día de mi nacimiento hasta éste, en que me ves aquí postrado!

Enarbola hacia Dios el guante derecho. Los ángeles del cielo descienden hasta él.

RECOSTADO bajo un pino está el conde Rolando, vuelto hacia España su rostro. Muchas cosas le vienen a la memoria: las tierras que ha conquistado el valiente de Francia, la dulce; los hombres de su linaje; Carlomagno, su señor, que lo mantenía. Llora por ello y suspira, no puede contenerse. Mas no quiere echarse a sí mismo en olvido; golpea su pecho e invoca la gracia de Dios:

—¡Padre verdadero, que jamás dijo mentira, Tú que resucitaste a Lázaro de entre los muertos, Tú que salvaste a Daniel de los leones, salva también mi alma de todos los peligros, por los pecados que cometí en mi vida!

A Dios ha ofrecido su guante derecho: en su mano lo ha recibido San Gabriel. Sobre el brazo reclina la cabeza; juntas las manos, ha llegado a su fin. Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro, y con ellos está San Gabriel. Al paraíso se remontan llevando el alma del conde.

Extracto de http://www.instituto127.com.ar/Bibliodigital/Anonimo_lacancionderolando.pdf

¿Y cuál es el premio de seguir esta ruta? Además del paisaje, pueblos de montaña tan bonitos como Espinal y Burguete, la Colegiata de Roncesvalles y, si decides continuar al otro lado del Ibañeta (el que avisa no es traidor, ¡prepárate que vienen curvas!), las localidades de Valcarlos, en Navarra, y San Juan de Pie de Puerto (Saint Jean de Pied de Port) en Francia.

 

2. San Miguel de Aralar

Punto kilométrico 17 de la carretera NA-7510.

En este caso el mirador se encuentra en el propio destino, el Santuario de San Miguel de Excelsis en la Sierra de Aralar. Los 17 km de subida atraviesan bosques de hayas y praderas en los que pastan libres vacas, ovejas y caballos. Por eso, además de por las curvas, hay que ser precavidos en la conducción.

Al llegar junto al Santuario nos espera un amplio aparcamiento y varios puntos desde los que tendremos vistas espectaculares: la sierra de Urbasa y Andía y el corredor del Arakil o la Barranca (Sakana en euskera), al frente, la cuenca de Pamplona al este y múltiples cimas del País Vasco al oeste. Eso cuando acompaña el tiempo y el día sale despejado, porque el Santuario se encuentra a 1.238 metros de altitud y no son raras las nubes ni las nieblas. Que de aparecer tampoco es un problema, crean una atmósfera mágica que hacen más creíble la leyenda. La de Teodosio de Goñi y el dragón.

Teodosio era un joven caballero vascón (todavía el reino de Navarra no se había creado ni el gentilicio navarro existía) que vivió en el siglo VIII, época tremendamente conflictiva entre godos, francos y musulmanes. Así pues, Teodosio, como representante del linaje de Goñi, hubo de partir a la guerra a luchar contra los moros. En su hogar deja a su esposa Constanza y su hijo Miguel y en su casa natal a sus ancianos padres, Miguel y Plácida.

Tras varios años de guerrear por lejanas tierras, Teodosio regresa a su pueblo. A poca distancia de su casa, una aparición diabólica disfrazada de venerable ermitaño o peregrino siembra de celos malignos la mente de Teodosio. Su mujer, Constanza, ultrajaba su honor manteniendo relaciones con un criado. Teodosio, enfurecido, se dirige apresuradamente a su hogar, entra en su dormitorio y comprobando que ciertamente hombre y mujer allí dormían, los da muerte con su espada.

A la salida de su casa Teodosio tropieza con su mujer Constanza. Con horror escucha como ésta, en su ausencia, había acogido a sus ancianos padres en su casa y les había cedido su habitación. Arrepentido, Teodosio confiesa su terrible crimen al obispo de Pamplona y éste le ordena que peregrine a Roma en busca de la absolución del Papa. Juan VII, que por aquel entonces era el Papa, le condena a vagar alejado de toda población, llevando una gruesa cadena ceñida al cuello y a la cintura y una cruz de madera a cuestas. Su pecado quedaría perdonado cuando la cadena, por desgaste natural, se rompiera.

Teodosio, penitente, recorre los montes de los sierras de Andía y Aralar durante siete largos años. Un día, sin él saberlo, llega a una cumbre de Aralar en cuyas proximidades vive un dragón en una sima profunda. El dragón surge de la cueva en toda su corpulencia, los ojos centelleantes y su boca abierta para atrapar al incauto visitante. Teodosio, viendo llegar su fin, se encomienda a San Miguel. Y el Arcángel Miguel, que no falla a los fieles en su momento de aflicción, en medio de un gran resplandor desciende de los cielos portando sobre su cabeza una cruz, aniquila al dragón y rompe las cadenas de Teodosio.

Teodosio, al fin liberado de su condena, se reencuentra con su mujer y consagra su vida al culto de San Miguel, construyendo en su honor un templo en el lugar donde apareció el arcángel.

Aquí concluye la leyenda. Quien entre en el templo tendrá ocasión de ver las cadenas que portaba Teodosio y la boca que conduce a la sima.

La historia de los historiadores nos dice que existió un templo prerrománico del siglo IX, del cual sólo se conservan unos pequeños sillares del exterior del ábside central. Tras su destrucción se erigió un templo románico en distintas fases entre los siglos XI y XII. El templo guarda en su interior un retablo de esmaltes, una joya del siglo XII, cuya historia daría para rodar una película agridulce: la de los robos del patrimonio artístico español. El retablo fue robado en 1979 por el famoso traficante de arte internacional Erik “el belga” y, gracias al trabajo de muchas personas que no a la suerte, se ha recuperado prácticamente en su totalidad.

Por si la leyenda y el arte, además de las vistas desde el Santuario no te parecen suficientes para hacer esta escapada, por los alrededores tienes Lekunberri y la vía verde del Plazaola, el valle de Larraun, con las cuevas de Mendukilo que te introducen a las entrañas de Aralar y los pueblos de la Sakana (Uharte-Arakil, Lakuntza, Arbizu, Alsasua…) a los que puedes llegar por una pista cementada que desciende desde el santuario por la cara sur de la sierra.

 

3. Paso de Tapla

Punto kilométrico 14,5 de la carretera NA-2012, que parte de Ochagavía hacia Casas de Irati y la ermita de la Virgen de las Nieves, en la selva de Irati.

Ya situados en el destino que nos espera, un frondoso y extenso bosque de hayas y abetos en el Pirineo de Navarra, parece que la ruta desprende aroma a helechos y musgos y que su melodía se compone de cantos de pájaros, fluir de los arroyos y baile de ramas y hojas acompasadas con el viento. Y qué decir de los colores. Nada es tan cambiante. En invierno, los blancos, azules y grises. En primavera, los verdes más intensos. En verano, el contraste entre el azul del cielo, la blancura de alguna nube y el verdor de los árboles y las praderas, aunque la sequía de este año ha hecho que luzcan amarillas, como si nos hubiéramos desplazado muchos kilómetros al sur de la península. Y el otoño… Es mejor que lo veas con tus propios ojos.

El recorrido más usual para llegar a Ochagavía (Otsagabia en euskera) desde Pamplona es tomar la A-21 hasta Lumbier y allí seguir por la NA-178. Cruzarás por sitios en los que merece la pena que te detengas, como la foz de Lumbier y la foz de Arbayún. Foz es el término que se utiliza en Navarra para referirse a las hoces, conservando la palabra en lengua romance. Para ver la primera tienes que parar en la localidad de Lumbier. Puedes caminar por su interior siguiendo la vía del tren del Irati. Es un camino cómodo para todas las edades. Para ver la segunda, la foz de Arbayún o Arbaiun, hay un mirador junto a la carretera.

Antes de llegar a Ochagavía atravesarás el valle de Salazar. Pasarás junto a pueblos tan bonitos como Esparza de Salazar y su puente románico, reformado para ensancharlo y que los coches pudieran entrar al pueblo, y Ezcaroz. Justo a la entrada de Ochagavía sale la carretera al bosque de Irati.

Ochagavía es uno de los pueblos más hermosos de Navarra, tanto por su caserío como por el lugar en el que se encuentra. Casas de piedra con tejados empinados, calles empedradas algunas de ellas empinadas, puente medieval de piedra sobre el río Anduña. Es un lugar para habitantes recios, acostumbrados a vivir en condiciones duras, y algo de eso se espera de sus visitantes y su calzado. Nada es más triste que ver a un turista, por lo general mujer, llevando zapatos con tacón o sandalias sin apenas suela haciendo malabares por las calles para no retorcerse el tobillo o no hacerse daño con ese suelo tan pedregoso.

Volviendo a la NA-2012, esta carretera cruza la sierra de Abodi y corona el puerto de Tapla. En el mirador del paso de Tapla, lugar de partida de varias rutas de senderismo, tenemos vistas que alcanzan hasta los Pirineos aragoneses y es, por momentos, lugar de concentración de fauna variada: ovejas, caballos, buitres…  El viento sopla fuerte, por lo general, por lo que hasta en verano se agradece una chaqueta.

El sinuoso descenso, con ramas de árboles que sombrean la carretera, nos conduce a esa maravilla que es la selva de Irati. Al llegar a Casas de Irati, donde hay un punto de información y un bar-restaurante, tienes que comprar un ticket por aparcar el coche (5€) o moto (2€), dinero que se emplea en el mantenimiento del parque, y junto con el que te entregan un mapa en el que vienen señalizados los recorridos en la selva de Irati.

Comentarios

Concha
2 octubre, 2016
Gracias por vuestra información, por vuestro trbajo estoy conociendo mucho a mu tierra, desde la distancia. Valencia . Saludos cordiales.
Idoia Arteta
6 octubre, 2016
Gracias Concha. Poquito a poco iré publicando más artículos. Navarra tiene mucho que ofrecer

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